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¿Duele la Diabetes? Dolor y Diabetes

Hace poco, platicando con mis compañeros de #diabetesLA empezaron a surgir diversas opiniones frente a un tema muy particular: El Dolor. Y comenzamos a mostrar nuestras diversas opiniones frente al dolor y la diabetes. ¿La Diabetes Duele?

Pues les comparto mi opinión. ¿Qué es el Dolor?

Fue definido en la última Edición (2.a) del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, basado en su etimología latina (dolor-oris) como: «aquella sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior» y también como «un sentimiento, pena o congoja que se padece en el ánimo».

Podemos observar cómo no solo se refiere al dolor físico o corporal, sino también al dolor mental que puede o no acompañarlo.

López Timoneda (1996) nos dice que el dolor se produce cuando llegan a distintas áreas corticales del Sistema Nervioso Central un número de estímulos suficientes a través de un sistema aferente normalmente inactivo, lo cual produce una sensación desagradable, junto con una respuesta emocional con varios componentes:

  1. Componente sensorial-discriminativo: hace referencia a cualidades estrictamente sensoriales del dolor, tales como su localización, calidad, intensidad y sus características temporo-espaciales.
  2. Componente cognitivo-evaluativo: analiza e interpreta el dolor en función de lo que se está sintiendo y lo que puede ocurrir.
  3. Componente afectivo-emocional: por el que la sensación dolorosa se acompaña de ansiedad, depresión, temor, angustia etc… Respuestas en relación con experiencias dolorosas previas, a la personalidad del individuo y con factores socio-culturales.

Esa parte, el componente afectivo-emocional, es la que más podemos trabajar.

En la Diabetes, siento mucho dolor físico. Esa es la verdad. Todos los días, ese dolor está ahí para recordarme que vivo con diabetes.  Siento las agujas cada vez que cambio de catéter de la bomba de insulina, siento las marcas que me deja cada que cambio de área, cuando cambio de ropa o voy al baño a veces sin querer me lastimo, siento cada piquete de lanceta en mis dedos, siento cada que me sacan sangre y empiezo a odiar las agujas. Veo sangre, en mis dedos o en sitios de inserción. ¿Cómo podría no doler? La siento y me duele todos los días.

Pero aún y ante esto, hay otras cuestiones que me ocasionan un profundo dolor, y que éste no tiene consuelo o no es temporal, como si lo es el dolor físico:

Me duele recordar que yo no elegí tener diabetes, más sin embargo tengo que afrontarla todos los días.

Me duele la idea de depender de un aparato (bomba de insulina) para poder vivir.

Me duele ver cada huella y marca que deja la diabetes en mi cuerpo (por agujas y pinchazos diarios).

Me duele ver sangre todos los días.

Me duele sentir miedo y angustia ante que sucediera una catástrofe natural en donde vivo, y saber que si no tengo acceso a insulina podría no sobrevivir.

Me duele la discriminación en muchos sentidos de quienes vivimos con diabetes.

Me duele ver la falta de educación que hay en mi país y en todo el mundo acerca de la diabetes.

Me duele saber de todos aquellos que no pueden acceder a tratamientos, medicamentos o insulinas de calidad para vivir mejor.

Me duele ver a personas que no cuentan con insulinas de calidad porque ni siquiera saben que existen.

Me duele saber de quienes no pueden acceder a tratamientos psicológicos para mejorar su vida con diabetes.

Me duele ver a gente que aún ve a la diabetes como una limitación, y sufre día con día por ello.

Me duele el desinterés y la falta de empatía de las personas y de nuestro propio gobierno ante las enfermedades crónicas.

Porque vivimos en un país que nos mantiene con un pensamiento “mágico”, de “curas rápidas y falsas”, de tratamientos negligentes, y en donde nos hacen creer que la única opción para quienes vivimos con diabetes es llegar a las complicaciones.

¡Qué duro! Mas sin embargo…

Decido no sufrir por ello, afronto mi dolor con información y tratando de hacer y construir algo mejor para esta sociedad; eso es lo que me sale mejor, siempre que siento un profundo dolor lo transformo en algo con sentido, lo canalizo en aportar algo aún mejor para esta sociedad, para este mundo.

¡Me gusta sacar algo bueno y crear algo mejor con el dolor!

Desde niños, por nuestra sociedad y cultura, nos enseñan que el dolor es malo. Que no hay que sentirlo, que huir es una mejor opción, o ya sea dolor físico o mental hay que quitarlo inmediatamente, con lo que sea. Nuestra sociedad moderna no admite el dolor.

La verdad es que el dolor se afronta, se siente. Y es parte de nuestra vida, al igual que los momentos de plenitud y alegría; cuando podemos entender esto, entonces seremos capaces de ver las situaciones de la vida desde otra perspectiva.

Ken Wilber, en su libro “Gracia y Coraje” (1991), nos habla del dolor y del sufrimiento. Él dice que vas a sentir dolor, angustia, miedo; es decir, emociones. Pero cambia tu percepción ante éstas. Es decir, cuando aceptas el dolor, y lo vez desde una óptica diferente, estos sentimientos ya no dañan o amenazan tu existencia, y por lo tanto, dejan de constituir un problema.

Termino con una de sus frases:

“El sabio experimenta el sufrimiento, pero éste no le hace daño. Y como es consciente del sufrimiento, se siente motivado por la compasión y el deseo de ayudar a quienes sufren y creen en la realidad del sufrimiento”.

El Regreso

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Aquí estoy de nuevo. Sé que pasó un largo período de tiempo. No es que no quisiera escribir, o que no se me ocurriera nada; sino que estaba terminando algo muy importante en mi vida: La Maestría. Para seguir cumpliendo mis metas y mis objetivos, para poder escribir mejor por ustedes, era importante cerrar ese ciclo.

En realidad, no cerré nada, me doy cuenta que apenas es el comienzo de mucho más estudio, y francamente siento todo lo contrario, que cada vez sé menos en comparación con la inmensa realidad de conocimientos que existen. Ahora entiendo perfecto a Sócrates, y su perfecta frase: “Sólo sé que no sé nada”, que NO se refiere a que no sabe nada, sino a que no se puede saber nada con absoluta certeza.

Les comparto también que pude terminar mi Tesis, fue todo un reto, y tengo que admitir que muchas veces dudé de que pudiera llegar hacerlo. Pero algo dentro de mí me convencía de que lo haría, porque así lo había decidido. Tener dos trabajos, más la maestría, y por supuesto más la Diabetes, fue duro. Fue cansado, lloré muchas veces, me desvelé, llegué a un nivel de hemoglobina de 7.0% que no había tenido en años, me caía y me volvía a levantar. Dolió bastante el recorrido; pero no sufrí, lo disfruté a cada momento. Y en este instante, no hay nada que me enorgullezca más. ¡Lo logré! ¡Quiero gritarlo al mundo entero!

La determinación es importante, desde que comencé la maestría estaba decidida a lograrlo, me visualizaba terminándola, y aunque me costó mucho así lo hice.

Quiero decirles que la Diabetes no es ninguna limitación. Las limitaciones las crea uno mismo, se las pone uno mismo. Me da mucha tristeza cuando aún se de personas que creen y se aseguran mediante actos fallidos, de que la Diabetes les impide hacer lo que en realidad les gusta. Todo depende de cómo lo veas, de la Actitud que decidimos tener ante las situaciones que vivimos a diario.

Justamente hace poco, estuve escuchando a varias personas decir: “”con salud lo tienes todo” “no pasa nada, mientras se tenga salud” “hay no, lo bueno que yo no tengo ninguna enfermedad” “la vida no se detiene mientras haya salud”….y me preguntaba yo: ¿Es enserio? ¿Ósea que la vida se detiene por tener una enfermedad? ¿Entonces, ya no tiene sentido mi vida o lo que haga porque tengo diabetes?

Qué triste pensar así. Qué triste solo medir el valor de tu vida por la “salud” lo cual es completamente subjetivo. Ya que una persona “sana” puede sentirse completamente enferma, y al mismo tiempo, una muy “enferma” puede sentirse perfectamente bien. Mi vida no vale más, ni menos por tener Diabetes. Yo le doy el sentido que yo quiero que tenga.

Mucho de esto viene de la Cultura. De nuestros abuelos, y generaciones más atrás, que nos siguen repitiendo que lo más importante es tener salud. Y Por esto, cuando nos diagnostican diabetes, artritis, tiroides, etc.; sentimos que ahí nuestra vida se detiene y se termina, sentimos que ya no tiene ningún valor, e incluso declaramos que vamos a morir. Definitivamente, todos moriremos; pero no necesariamente por esos diagnósticos, o al menos que nosotros así lo decidamos.

Hago una mención, que creo yo que puede ser valiosa para ejemplificar de lo que hablo. Hace poco vi la película de: “La teoría del todo”, que relata la vida del científico Stephen Hawking, desde los 20 años de edad fue diagnosticado con un tipo de esclerosis, que lo ha ido inmovilizando con el paso de los años; le dijeron que solo viviría dos años, pero él decidió vivir muchos más. Y digo decidió, porque creo firmemente que mucho tiene que ver nuestra actitud, voluntad y entereza en este tipo de enfermedades. La mente tiene un poder inimaginable.

Un detalle que me sorprendió fue cuando el doctor fríamente le dio su diagnóstico, y le hablaba de todo lo que el perdería, él se enfocó en lo que No perdería, y le preguntó al doctor: “¿y mi cerebro?”, y éste contestó: “estará intacto”. Para él fue más que suficiente. Y claro que le dolió, y se enojó, pero lo sintió  para después seguir, y decidir continuar con su vida, que estuvo llena de éxitos.

El cerebro de todos nosotros que vivimos con diabetes está intacto. ¿Por qué siempre nos hablan de lo que vamos a perder? Y que ni siquiera tienen la certeza de que lo perderemos, pero no los dan como un hecho “te quedaras ciego, te amputaran los pies…” ¿Por qué nadie nos habla de lo que ganaremos? ¿Por qué no nos dicen que también aprenderemos?

Pues yo se los digo: he ganado disciplina, constancia, perseverancia, he aprendido a creer y confiar en mí, a escuchar cómo me habla mi cuerpo y me da señales, ha crecido mi empatía, mi escucha, mi valor, veo el dolor de una diferente manera, incluso la vida misma, tengo mejores hábitos de salud, he aprendido de alimentación lo que jamás me imagine conocer, he conocido a personas maravillosas en todo el mundo, y lo mejor: vivir con diabetes es un aprendizaje constante, en todos los sentidos, y yo amo aprender, para después poder enseñar.

¡Gracias Diabetes!

¡Gracias a ustedes!

¡Adiós maestría, bienvenido nuevo camino de aprendizaje!